Bellingham y Rudiger, a tortas con miembros de seguridad de Mestalla
Sin Vinicius, parecía Mestalla un escenario más pendiente de desatar el nudo de los nervios en el cuello del equipo local que de jaleos que alteraran a una grada que sólo se cebó con silbidos a Mourinho en el inicio. Pero no es Valencia un lugar en el que caiga en el olvido la historia sentimental de los duelos con el…
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Bellingham y Rudiger, a tortas con miembros de seguridad de Mestalla
Sin Vinicius, parecía Mestalla un escenario más pendiente de desatar el nudo de los nervios en el cuello del equipo local que de jaleos que alteraran a una grada que sólo se cebó con silbidos a Mourinho en el inicio. Pero no es Valencia un lugar en el que caiga en el olvido la historia sentimental de los duelos con el…

